El ozono en Ecuador bajo la lupa ¿qué nos dice la investigación atmosférica desde la USFQ?

El ozono en Ecuador bajo la lupa ¿qué nos dice la investigación atmosférica desde la USFQ?

Cada mes, un globo blanco con helio despega desde el campus de la Universidad San Francisco de Quito. Sube hasta 30 kilómetros de altura, tres veces más alto que un avión comercial, mientras los sensores que lleva a bordo registran, segundo a segundo, cuánto ozono hay en la atmósfera sobre Ecuador. Los datos que recoge este globo forman parte de una red científica global administrada por la NASA, junto con otras 16 estaciones distribuidas alrededor de la línea ecuatorial en todo el mundo.

Desde 2014 la USFQ monitorea el ozono en la atmósfera desde Quito y Galápagos.

La "Fiesta de la Ciencia" que despega cada mes desde Quito

Así llama al experimento, María del Carmen Cazorla, investigadora y directora del Instituto de Investigaciones Atmosféricas de la USFQ. Cada lanzamiento lo realiza junto con un grupo de estudiantes, convirtiendo la investigación científica en una experiencia práctica y colectiva.

El globo pesa 800 gramos y en su extremo inferior lleva una ozono-sonda. Imagínala como una pequeña aspiradora inteligente; succiona el aire a medida que el globo sube y lo hace pasar por una solución química que reacciona al contacto con el ozono, generando una corriente eléctrica. Cuanto más ozono hay, más electricidad se produce. Esa señal —junto con datos de humedad, presión y posición— viaja en tiempo real, un dato por segundo durante dos horas, hasta una estación receptora en el techo del edificio Maxwell del campus universitario.

La ozono sonda sale desde Cumbayá, en el campus de la USFQ, una vez al mes.

El objetivo es medir el ozono en dos capas distintas de la atmósfera. La tropósfera, que va desde la superficie terrestre hasta los 17 kilómetros de altura en la zona ecuatorial, y parte de la estratósfera, que llega hasta los 30 kilómetros donde el globo finalmente explota y cae.

¿Y esto a mí qué me importa?

Más de lo que parece. El ozono es uno de esos elementos que actúa de forma completamente distinta según dónde se encuentren. Similar al fuego, útil y necesario en la chimenea de casa, peligroso si está dentro de la sala.

En la estratósfera, el ozono forma la famosa capa que nos protege de los rayos ultravioletas del sol. Sin ella, ningún protector solar sería suficiente. Pero en la tropósfera, la capa de aire que respiramos cada día, el ozono es un contaminante. Se forma cuando las emisiones del tráfico vehicular, los productos de limpieza y otras actividades humanas reaccionan con la luz solar, y su presencia excesiva deteriora la calidad del aire, agrava enfermedades respiratorias y contribuye al calentamiento global.

Dicho de otra manera, el mismo gas que nos protege arriba, nos daña abajo. Entender cómo evoluciona el ozono en Ecuador y en la región es, por tanto, información crítica para proteger nuestra salud y comprender qué le está pasando al planeta.

Lo que revelan los datos tras años de investigación

Las mediciones de ozono en Ecuador comenzaron en 1998, a cargo del INAMHI, y desde 2014 las lleva adelante la USFQ. Toda esa información forma parte de la red SHADOZ —Southern Hemisphere Additional Ozonesondes—, administrada por la NASA, y se contrasta con datos de satélites en órbita.

En diciembre de 2025, un panel de 26 investigadores internacionales —entre ellos la profesora María del Carmen Cazorla— publicó un análisis exhaustivo de estos datos en la revista científica Atmospheric Chemistry and Physics, una de las más prestigiosas en su campo. El estudio abarcó el período 1998–2023 y utilizó información de 7 estaciones cercanas a la línea ecuatorial con los registros de mayor exactitud. Accede a la publicación aquí.

María del Carmen Cazorla, investigadora y directora del Instituto de Mediciones Atmosféricas de la USFQ, previo a uno de los lanzamientos de la ozono sonda.

La conclusión para la región refleja que el ozono troposférico en el área que incluye a Ecuador, Surinam y Brasil no ha mostrado cambios significativos en 25 años. Una buena noticia relativa, considerando lo que ocurre en otras partes del mundo.

En África, la deforestación por quemas para uso agrícola y minería ilegal ha incrementado el ozono troposférico en el mismo período. En Asia, la contaminación industrial explica una tendencia similar. Dos señales de alerta que subrayan por qué el monitoreo del ozono en Ecuador y en toda la región ecuatorial no puede detenerse.

Una investigación con alcance global

El trabajo de la USFQ no termina en una publicación académica. Los datos recogidos en Quito y en la estación que la universidad mantiene en San Cristóbal, Galápagos —donde los lanzamientos se realizan dos veces al mes— son parte de una conversación científica global que informa estrategias para enfrentar el cambio climático y proteger la salud pública a escala planetaria.

La investigación de la María del Carmen Cazorla, docente de la carrera de Ingeniería Ambiental en la USFQ ha sido reconocida por la NASA y ha recibido financiamiento del Protocolo de Montreal, el principal instrumento de legislación ambiental internacional para la protección de la capa de ozono. Un respaldo que habla no solo de la calidad de los datos, sino de la relevancia de hacerlo desde Ecuador, desde la línea ecuatorial.

En cada lanzamiento, estudiantes de ingeniería de la USFQ participan activamente, sumando a su formación algo que ningún aula puede replicar del todo, la experiencia de hacer ciencia real, con impacto, desde Quito para el mundo.

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