¿Hay futuro laboral en el deporte?

La economía deportiva ofrece opciones que van mucho más allá de ser atleta profesional o entrenador. Por un lado, el mundo laboral está sufriendo transformaciones globales; por el otro, Ecuador, como país en desarrollo, exhibe prometedoras tendencias. ¿Cómo luce hoy el panorama?

Tradicionalmente, en nuestra sociedad se ha visto al deporte como una práctica reñida con el mundo laboral y la vida profesional. El deporte, se supone, es un pasatiempo que alguien se financia con lo que obtiene en su carrera convencional, no una fuente de ingresos. Dedicarse profesionalmente al deporte implica, según esta visión de mundo, renunciar a una vida próspera. Se supone que solo toman ese camino quienes por falta de recursos o de facultades intelectuales carecen de otras opciones en la vida. Solo un puñado de deportistas extraordinariamente talentosos, se cree, logran tener éxito; sin embargo, se supone también que la mayoría de ellos terminarán, por culpa de la falta de educación, dilapidando su fortuna en una vorágine de vicios, despilfarro y malas amistades cubierta de cerca por la morbosa opinión pública. Este mito, forjado a lo largo del siglo XX, cada vez se corresponde menos con la realidad laboral del deporte, una de las actividades económicas que más crece en el mundo.

La economía del deporte, sobre todo en el aspecto laboral, varía muchísimo de un país a otro. Diversos factores influyen, como tamaño de la economía, inversión pública y popularidad entre la población. Sin embargo, todos los países parecen confluir hacia ciertos patrones conforme la economía crece. Mientras más recursos, más desarrollo deportivo y, con ello, más opciones laborales; esa importante transformación de hábitos deportivos, así como del sector, se ha observado en varios países que han experimentado un marcado crecimiento económico recientemente.

El sector de competidores y entrenadores es el que menos crece. Hace cincuenta años, cualquier ciudad mediana contaba con atletas locales, que eran estrellas de la ciudad con un salario digno. Hoy, las personas de esa misma población no siguen a los atletas locales, sino a los grandes atletas internacionales a través de los medios. 

Un mundo de oportunidades
La revista Forbes publicó hace poco un detallado análisis del mercado laboral deportivo en Estados Unidos.  La principal conclusión era que, visto en su conjunto, el deporte había dejado de ser una economía de ganador único, con unas pocas celebridades acaparando la mayoría de los ingresos  mientras el resto, la inmensa mayoría, permanecían en la miseria. Estadísticamente, el trabajador del sector deportivo norteamericano es, al contrario, un trabajador de clase media que goza, no obstante, de un sueldo superior al promedio. Sus ingresos son alrededor de veinticinco por ciento superiores a los de la media.

La industria mundial del deporte comprende hoy en día diversas áreas, más allá del campo de los entrenadores y atletas profesionales: gestión y administración de negocios que ofrecen servicios deportivos; entrenadores de aficionados, jóvenes e infantes; periodismo deportivo; marketing y gestión de marcas deportivas; medicina deportiva; psicología deportiva. En el mercado norteamericano, la mayor parte del crecimiento está concentrada, curiosamente, en estas áreas. El sector que más ha crecido, se ha triplicado en apenas diez años, es el relativo a la planeación y organización de eventos deportivos.

Ganador único
Durante la última década, en contraste, el sector de atletas y entrenadores profesionales es el que menos ha crecido en el mercado norteamericano. Según David Epstein, de Sports Ilustrated, este sector ha sufrido una inmensa transformación con la consolidación de un mercado deportivo global. El crecimiento de la audiencia ha hecho que los mismos eventos y equipos atraigan aún más atención, público y ventas, por lo que en el campo de los atletas y entrenadores sí se ha acentuado aún más el mercado de ganador único. Hay más capital en juego y las estrellas ganan cada vez más, pero la cantidad de estrellas sigue siendo básicamente la misma y no hay un aumento sensible en la cantidad de puestos de trabajo ni en el monto del ingreso promedio. Hace cincuenta años, cualquier ciudad mediana de un país industrializado contaba con atletas locales, que competían en ligas regionales menores y eran estrellas de la ciudad, con un salario digno. Hoy, las personas de esa misma ciudad no siguen a los atletas locales, sino a los grandes atletas internacionales a través de los medios; el interés de parte del público sigue siendo el mismo, pero se concentra en un puñado de grandes competidores de calibre mundial.

Inmunes a las máquinas
Así, puede que la carrera de competidor o de entrenador de grandes ligas luzca más lucrativo y, al mismo tiempo, competitivo que nunca antes, pero todas las otras áreas del mercado deportivo lucen tentadoras. Curiosamente, este tipo de puestos de trabajo parecen haberse tornado muy seguros, en una época en la que el futuro luce muy amenazador para la estabilidad laboral. Hace poco, dos expertos de la Universidad de Oxford, Carl Benedikt Frey y Michael Osborne, publicaron un preocupante estudio sobre el impacto que tendría la automatización en las diferentes ocupaciones. Los expertos buscaban responder a la interrogante acerca de qué tan probable era que, conforme la tecnología de la información y comunicación progresan, una carrera resultara automatizada, lo que condenaría al desempleo a todos los trabajadores envueltos en ella. En una escala de 0 (imposible de ser automatizada) a 1 (certeza de que sería automatizada), algunas ocupaciones, como taxista o registrador de inventarios, tenían un índice superior a 0.9; es decir, es casi una certeza que serán reemplazados a mediano plazo por máquinas. Los atletas profesionales obtuvieron un puntaje sensiblemente menor, de 0.3; es poco probable que atletas robóticos vayan a reemplazar a sus pares humanos en la tarea de captar la atención, la pasión y el dinero de los aficionados. Pero el de otros empleos relacionados con la actividad física, como entrenadores personales, fisioterapeuta o psicólogos deportivos, rondaba entre 0.01 y 0.03; según los autores, eran de los trabajos más difíciles de ser llevados a cabo por robots o algoritmos y que, por lo tanto, constituían una alternativa segura en el mundo del mañana.

Según Klaus Schab, creador del Foro de Davos y autor del libro La cuarta revolución industrial, hay dos variables que hacen que un trabajo resulte más o menos automatizable. El primero es, independientemente de su complejidad, qué tan predecible es. El segundo es qué tan importantes son las habilidades sociales y las relaciones humanas en ese puesto. El último es qué tan escalable es el trabajo; es decir, qué tan eficientes resultarían copias idénticas de ese trabajador o algoritmo al momento de llevar a cabo ese mismo trabajo en otras situaciones o con otros clientes. En ese sentido, los trabajos relacionados con el deporte y la actividad física lucen relativamente seguros. El trabajo de un entrenador personal, por ejemplo, es muy poco predecible y varía inmensamente de un cliente a otro; la relación personal con el atleta o cliente resulta fundamental para mantenerlo motivado y lograr sus objetivos; a diferencia de un cuchillo o una cafetera, de los que se pueden elaborar millones de copias y cumplirán su cometido con diferentes clientes, un algoritmo de entrenamiento del que se puedan elaborar copias baratas difícilmente resultará igualmente eficiente al momento de lidiar con diferentes personas.

El mundo de la actividad
La actividad física está cobrando cada vez más importancia en el mundo. La obesidad y el sedentarismo se han vuelto más peligrosos para el mundo que la desnutrición y la fatiga. Aparentemente, es el costo del desarrollo, y todos los países parecen demostrar, junto con el crecimiento económico, un crecimiento en sus índices de obesidad o diabetes. Eso hace que la demanda de actividad física crezca junto con la economía de un país y Ecuador parece no ser la excepción. Junto con el crecimiento y el desarrollo sostenido de las últimas décadas, vienen la necesidad de mejorar los hábitos de salud y actividad física de la población. Las cifras indican que aún queda mucho por hacer.

El último estudio público sobre los hábitos deportivos de toda la población ecuatoriana se llevó a cabo en 2012. El informe estuvo a cargo del Ministerio de Deporte y se titula El deporte en cifras: actividad física de la población ecuatoriana, demanda y hábitos de consumo deportivo. Pese a que han pasado varios años ya, indica tendencias que suelen revertirse muy lentamente y por ello dice mucho aún sobre el presente.

Un país por descubrir
Aún queda mucho por hacer para fortalecer el deporte en el país. 50 por ciento de los ecuatorianos no practican deporte en absoluto. Apenas 10 por ciento le dedican tres horas o más a la semana a algún deporte, la frecuencia mínima para que alguien sea considerado practicante de una disciplina. Los principales motivos para hacerlo son salud, mejora del estado física y apariencia, y entretenimiento. La principal excusa de los sedentarios, 70 por ciento de ellos, es la falta de tiempo.

El deporte sigue siendo, así mismo, una práctica social en nuestro entorno. De entre aquellos ecuatorianos que practican deporte, 60 por ciento afirman que el fútbol es su disciplina de elección. Correr, el gimnasio y bailar son las otras opciones más comunes, sobre todo entre las mujeres. Así mismo, un poco más del sesenta por ciento de la actividad deportiva tiende a llevarse a cabo en los espacios públicos del barrio. Ochenta por ciento de los ecuatorianos no pagan por uso de instalaciones deportivos, aunque la mitad de ellos aseguren que hace falta infraestructura deportiva en el país. En los hábitos de consumo e inversión del tiempo, el deporte aún está por debajo de rubros como vestimenta, belleza o adelgazamiento. Asimismo, mientras que la mitad de los ecuatorianos se confiesan sedentarios, sesenta por ciento afirman haber consumido alcohol durante el último mes.

Así, un país como Ecuador, cuya economía y población han crecido significativamente durante las últimas décadas y que en los últimos años ha terminado de consolidarse como un país de clase media, luce como un mercado prometedor para bienes y servicios relativos al deporte. Aunque siempre es arriesgado hacer predicciones, los países que siguen esa tendencia económica y demográfica tienden a exhibir ciertas tendencias alentadoras: aumento de inversión y gasto en deporte, se empieza a ver a la belleza y la salud como resultados de buenos hábitos de vida mas que como productos de lujo que se pueden comprar, incremento de la oferta deportiva, etc. El futuro luce alentador.

¿Por qué el deporte crecerá en Ecuador?
  • Tendencia: durante las últimas décadas, el mercado y los hábitos deportivos han venido creciendo muchísimo; lo más probable es que esto se mantenga.
  • Economía y demografía: Ecuador es un país en vía de desarrollo y con una población cuya edad promedio es de 27 años y sigue aumentado. En ambos casos, esto implica un aumento del poder adquisitivo, tal y como se ha visto en otros países.
  • Mayor conciencia nacional: junto con el proceso demográfico y económico que atraviesa Ecuador, como se ha visto en otras latitudes, suelen surgir una nueva afición y diversos ídolos en todo el espectro deportivo; esto suele disparar la cantidad de practicantes de un deporte.
  • Las enfermedades del desarrollo: con la prosperidad, nuevos retos en materia de salud mental y física suelen surgir para una sociedad. La actividad física y la socialización que conlleva el deporte se vuelven fundamentales para prevenir dolencias como la obesidad, la diabetes, la ansiedad o la depresión.
Esta nota fue publicada en Zona Sport, la revista deportiva de la USFQ, para acceder a éste y más artículos sobre deporte, alimentación y vida sana, click en el siguiente link: https://deportes.usfq.edu.ec/flipbook/index.html?file=zona_sport_02.pdf

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