Todo lo que debes saber sobre la historia de las primeras escuelas y universidades en Quito

Por Emiliano Gil Blanco, Ph.D.
Profesor de Historia y Artes Liberales de la USFQ
  • Una de las primeras universidades americanas se creó en Quito, la de San Fulgencio en 1586, tras Santo Domingo, México y Lima.
  • Recién en 1.835, con Vicente Rocafuerte como presidente del Ecuador, aparecen las primeras escuelas para niñas. Durante la época colonial no hubo un intento serio de educar a las mujeres.
  •  El programa de estudios, en el primer colegio quiteño, consistía en la enseñanza de aritmética, castellano, oficios como carpintería, sastrería, mecánica, y artes como pintura, dibujo o música.
Estamos festejando la fundación de la ciudad de Quito (1534) y con ella van a llegar los primeros establecimientos educativos fundados como intento de “civilizar y culturizar” a sus habitantes. Estos van a ser creados fundamentalmente por las diferentes órdenes religiosas establecidas en la ciudad, mercedarios, franciscanos, agustinos, jesuitas y dominicos.

La enseñanza primaria estuvo a cargo de los cabildos o municipalidades y de la Iglesia. La mala hacienda no ayudaba a la educación. A pesar de los intentos de crear una enseñanza primaria pública, esta fue en mayor parte privada, sostenida por los padres de familia, con maestros no competentes y escasos, y de escuelas mixtas a pesar de la oposición de la Iglesia. Estas escuelas fueron creadas para alumnos de extracción social baja, indígenas, mestizos y blancos pobres.

La falta de escuelas para niñas no va a aparecer hasta 1835, con Vicente Rocafuerte como presidente del Ecuador, y fue latente durante este periodo. Hasta finales de la Colonia no habrá un intento serio de educar a las mujeres. La educación de niñas comenzó con la Bula del Papa Pío VI (6-X-1796), al mismo tiempo que hizo Carlos IV permitir educar a las niñas “honestas y de antecedentes limpios” en conventos de monjas, entre los 7 y los 25 años, en régimen de clausura hasta que se casaran o ingresaran definitivamente. También eran educadas en la casa, por la madre o un maestro contratado.

La ordenanza del Corregidor de Otavalo Diego Zorrilla (1612) nos muestra que ya existían por aquella época escuelas primarias bajo la dirección de maestros de capilla que enseñaban doctrina cristiana, cómo no, leer, escribir y cantar. Ganaban 50 patacones anuales pagaderos para San Juan y Navidad y estaban exonerados del pago de impuestos. Eran nombrados por el párroco y removidos por el corregidor. El virrey del Perú, Duque de la Palata, ordenaba en 1683 a los obispos que en cada pueblo donde hubiese un sacerdote, se pusiese un preceptor para la educación de indígenas en lengua española.

La primera escuela fue fundada por los mercedarios en 1537 y, más tarde, el cabildo va a encargar a uno de los conquistadores, Juan el Griego, en 1542 la creación de la primera escuela no religiosa. En ambas se va a enseñar las primeras letras y números, algún oficio y, lo más importante, van a evangelizar. Los religiosos no sólo estaban preocupados por la evangelización, también por enseñar oficios y música a los alumnos.

El primer colegio fundado fuera de la capital va a ser en Santiago de Guayaquil en 1554, por los dominicos. En otras ciudades del área de la Audiencia, como Cuenca, Loja, Riobamba, Ibarra, Ambato y Latacunga, surgieron escuelas alrededor de iglesias y de conventos a partir de 1570, donde párrocos y doctrineros catequizaron y enseñaron a leer, escribir, artes y oficios a indígenas, mestizos, criollos y españoles. No debemos olvidarnos de que existieron durante este periodo escuelas particulares, muchas de ellas financiadas por los familiares de los alumnos o subsidiadas por los cabildos. De estas últimas, las fuentes son escasas y, por lo tanto, los estudios sobre ellas son mínimos o tan sólo referencias de otras obras más amplias sobre el tema.

El primer colegio quiteño, creado para blancos y como educación superior a las escuelas, fue fundado por los franciscanos en 1551, el de San Juan Evangelista, más tarde llamado de San Andrés (1568). Estaba dedicado a la formación de indígenas para el magisterio y de mestizos que aspiraban al sacerdocio. El programa de estudios consistía en la enseñanza de aritmética, castellano, oficios como carpintería, sastrería, mecánica, y artes como pintura, dibujo o música.

Tras los franciscanos, serán los agustinos con el Colegio de San Nicolás de Tolentino (1581), los jesuitas con el Colegio Real y Seminario de San Luis (1586) y los dominicos con el Colegio de San Pedro Mártir (1591), quienes continuaron fundando colegios en la ciudad. Estos citados colegios se constituyeron como estudios generales y fueron el origen de las tres primeras universidades ecuatorianas: las de San Fulgencio (1586), San Gregorio Magno (1622) y Santo Tomás de Aquino (1686), respectivamente.

Tras la expulsión de los jesuitas en 1766 y el cierre de San Fulgencio en 1786, se refundó y secularizó la Universidad de Santo Tomás (1788) como la Real y Pública Universidad de Santo Tomás de Aquino. Tengamos en cuenta que una de las primeras universidades americanas se creó en Quito, la de San Fulgencio en 1586, tras Santo Domingo, México y Lima. Pensemos que no hubo muchas ciudades durante la colonia que llegaren a tener tres universidades funcionando al mismo tiempo. Ni que tuvieran una de las bibliotecas más grandes de todo el continente, como las de la Universidad de San Gregorio Magno y el del Colegio Real y Seminario de San Luis. Estos datos nos dan a entender que en la ciudad de Quito hubo una importante actividad intelectual durante el periodo colonial.

Las tres universidades quiteñas tuvieron en común tres características: la primera de ellas es que su fundación surgió de colegios o de un seminario-colegio:  San Fulgencio a partir del Colegio de San Andrés, más tarde, de San Nicolás de Tolentino; San Gregorio Magno a partir del Seminario de San Luis; y Santo Tomás de Aquino a partir del de San Fernando. Son, por lo tanto, universidades-colegiales. La segunda es que fueron fundadas por órdenes religiosas, con autorización papal y más tarde ratificadas por el rey. Y la tercera es que tomaron como ejemplo para sus estatutos los de la Universidad de San Marcos de Lima.

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