Redes sociales: los padres deben actualizarse

Por María Dolores Brito.
Catedrática USFQ.
 
En Ecuador, la red con más interacción entre los adolescentes menores de 18 años es Instagram. En EEUU, el 85% de adolescentes utiliza activamente YouTube, sin embargo, los padres están lejos de llegar a esos espacios o al menos acceder a los mismos contenidos, y en ciertos casos, los hijos toman ventaja de ese analfabetismo digital de los padres.

Tal como la radio o la televisión, las redes sociales son estímulos que reciben las personas a través de los sentidos. Mientras los medios tradicionales son canales de una vía: las audiencias son pasivas, no pueden responder o retroalimentar, esto es lo que entendemos como feedback; con las redes sociales sucede lo contrario, la comunicación es de doble vía, es decir que los usuarios deciden qué compartir y con quién hacerlo.

Por otro lado, y a través de los conceptos básicos del marketing, en la actualidad se abrió camino una comunidad creciente denominada influenciadores (influencers), personas populares que manejan cuentas abiertas con la consigna de promover una marca o un comportamiento. Al tener impacto en la moda, deporte, música u otros sectores también pueden amplificar su influencia en el ámbito de las relaciones sociales. Existen riesgos, por supuesto, pero las ventajas son mayores al momento de comunicar los valores de una marca a un público específico.

En este contexto, es altamente recomendable que las personas expuestas a una red social sepan manejar la privacidad de los contenidos. Muchas veces la realidad que se expone está distorsionada y las fotos son solo un instante. Por ejemplo, en la actualidad la Universidad San Francisco de Quito está desarrollando un estudio para conocer en qué medida las redes sociales imprimen un sentimiento de urgencia de hacer y replicar lo que hacen los demás.

Entre más joven es el sujeto – 13 y 17 años – se vuelve presa fácil del engaño y manipulación, el contenido difundido en las redes ejerce un poder de seducción mayor. Sin embargo, no afecta a todos por igual y esto se refleja en las características individuales de cada persona como es la personalidad, los valores, el estilo de vida, la cultura, el nivel social, la familia. Todos estos factores van a influir en el comportamiento o en la toma de decisiones.

En Ecuador, la red con más interacción entre los adolescentes menores de 18 años es Instagram. Los temas más compartidos tienen que ver con maquillaje y moda, vemos que existe una tendencia hacia contenidos más superficiales. En EEUU, el 85% de adolescentes utiliza activamente YouTube, sin embargo, los padres están lejos de llegar a esos espacios o al menos acceder a los mismos contenidos, y en ciertos casos, los hijos toman ventaja de ese analfabetismo digital de los padres.

En contraposición, es común ver a niños de cinco años o incluso menores, que ya tienen acceso a la tecnología. Es la misma sociedad la que presiona y empuja a que los chicos estén mucho más estimulados, cuando la edad mínima recomendable para tener celular es 12 años. Es aconsejable que los padres comiencen por informarse cómo es la dinámica de las redes sociales y evitar prácticas como la prohibición ya que causan el efecto contrario, las vuelven apetecibles.

La investigación ha fundamentado el hecho de que es necesario educar a los niños y adolescentes para que sepan los peligros a los que están expuestos y cómo manejarlos. En el caso de menores de edad, la responsabilidad recae en los padres que son los responsables de monitorear qué tipo de temas consumen sus hijos. Verificar de qué fuente proviene una publicación y si ésta es confiable, es el primer paso para saber si un contenido puede ser compartido o no.

En las redes sociales, los adultos también podemos cometer varios errores porque aún nos encontramos en constante proceso de aprendizaje, nadie nos enseñó cómo manejarnos, qué publicar y qué no. Incluso los seleccionadores de personal en las empresas revisan las redes sociales de una persona antes de invitarlo a una cita de trabajo.

La base del comportamiento e interacción humana es la misma, simplemente ahora es más delicado: aunque se borre lo publicado, está latente la posibilidad de recuperarlo, con el peligro de que se convierta en contenido viral y afecte la reputación de una o varias personas. Sin embargo, y aquí insisto: las estadísticas nos demuestran que esto pasa solo en las excepciones y para evitarlo hay que educarse y conocer el funcionamiento de las tecnologías de la información.

Este artículo fue publicado originalmente en el portal web La Conversación.

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