EL PRIMER CASO JUDICIAL POR DELITO DE ODIO RACIAL EN ECUADOR: ESTO SOLO ES EL INICIO

Víctor Daniel Cabezas 
Estudiante del Colegio de Jurisprudencia 
Practicante del Consultorio Jurídico Gratuito de la USFQ


Contar una historia conmovedora sin rayar en el sensacionalismo ni en el morbo es casi siempre una tarea compleja. Cuando Michael Arce ingresó a la Escuela Superior Militar del Ejército (ESMIL) en 2011 para cumplir el sueño de ser el primer general afro ecuatoriano de nuestro país, no sabía que años más tarde y luego de librar una honrosa batalla personal y judicial, él le daría una lección a la sociedad ecuatoriana sentando un precedente que, quizás, equipara y supera aquel deseo inicial de romper las estructuras discriminatorias aún existentes en Ecuador.

Es el martes 5 de julio, son las nueve de la mañana y la entrada de la Corte Nacional de Justicia luce atiborrada de personas tratando de ingresar a la audiencia de casación dentro del primer caso por delito de odio racial que se tramita en el país. Llega Juan Pablo Albán, abogado de Michael y Director del Consultorio Jurídico Gratuito de la Universidad San Francisco de Quito, organismo patrocinador del caso. La pelea ha sido muy larga y muy dura. Como de costumbre, el Capitán Mauricio E., procesado por el delito de odio racial, no llega ni tampoco sus abogados. Parecía que las argucias procesales que habían dilatado este proceso en algunas ocasiones, impedirían que se desarrolle la audiencia de casación. Michael y su familia están hechos al dolor, conocen el guión perfectamente: Cuando está a punto de desarrollarse la audiencia el Capitán Mauricio E., cambia sorpresivamente de defensores y solicita que se difiera la realización de la audiencia “así ya vamos unos nueve abogados entre que quita y pone” dice la madre de Michael Arce frustrada.

El Capitán Mauricio E., instructor dentro de la ESMIL se propuso evitar a toda costa que Michael avanzara en su proceso educativo en la institución militar, hostigándolo, sometiéndolo a tratos crueles frente a sus compañeros y maltratándolo pues aparentemente ningún negro sería militar en su ejército. Michael fue obligado a permanecer por hasta 45 minutos en una piscina de clavados de siete metros de profundidad a temperaturas bajísimas, casándole hipotermia; fue obligado a boxear con hasta cinco personas de manera simultanea, se le daban implementos de entrenamiento defectuosos a efectos de ahondar los castigos, y el epíteto “negro inútil”, “negro vago”, “hediondo” o “negro hijo de puta”, eran costumbre dentro de la forma en que el Teniente Mauricio E., se relacionaba con Michael. La discriminación por su color de piel se había convertido en un mal que irradiaba todo el proceso educativo dentro de la ESMIL.

En efecto, Michael salió de la ESMIL para librar una batalla en contra de esas estructuras de discriminación tan arraigadas tanto en las Fuerzas Armadas como en nuestra sociedad. A su salida, Michael ingresó a la Universidad San Francisco de Quito para estudiar educación y psicología, becado. El Consultorio Jurídico Gratuito, tomó su caso y el patrocinio inició. 

En primera instancia la sentencia fue favorable y se declaró la culpabilidad del Teniente Mauricio E., en apelación ante la Corte Provincial la sentencia fue revocada. El procesado, aún cuando las regulaciones internas de las Fuerzas Armadas lo prohíben, fue ascendido a Capitán. Las audiencias de un juicio por un delito de comisión estrictamente personal lucían atiborradas de militares uniformados y desafiantes. Las calles aledañas a las Cortes se poblaban de buses oficiales de las Fuerzas Armadas.

“Por cuanto esto no es un relevo de defensa y toda vez que se advirtió que esta audiencia no podría ser diferida, por unanimidad este tribunal niega la petición de diferimiento planteada por la defensa técnica del procesado, por tanto se declara instalada esta audiencia de casación” dice el Dr. Richard Villagómez, juez ponente de la Corte Nacional de Justicia. Empiezan los alegatos. La defensa del Capitán Mauricio E., está sorprendida. No esperaba que los jueces negaran su trasnochado pedido de diferimiento. El abogado Miguel Antonio Arias empieza un atropellado e improvisado alegato que escribe lentamente el fin del círculo de diferimientos, impunidades e impases que esa defensa ha venido ejecutando los últimos dos años. Trata desesperadamente de convencer a los jueces para que re evalúen la prueba, a pesar de que el tribunal de casación sólo puede evaluar la legalidad técnica de los fallos. Se enreda y no puede explicar con claridad cuál ha sido la norma indebidamente aplicada por la sentencia de la Corte Provincial que confirma la culpabilidad del Capitán. Juan Pablo Albán toma la palabra y en un alegato impecable desvirtúa uno a uno los alegatos del Abogado del procesado. Michael se para decidido y en un breve discurso deja en claro que este no es un proceso contra la institución militar, sino contra un mal elemento.

Los jueces deliberan, se toman alrededor de cuarenta minutos. Todos esperan afuera. Los familiares de Michael no hacen más que verse unos a otros y recordar con pasividad el largo camino que han recorrido durante estos años en búsqueda de justicia. Un policía los custodia, han recibido amenazas y son permanentemente hostigados. Pasan a la sala. El caso Arce, luego de cinco años sería resuelto. La expectativa es enorme. El caso trabajado desde los escritorios de la Universidad San Francisco de Quito y que había pasado por las manos de Luis Narváez, Adriana Lasso, Carlos Sevilla, Belén Aguinaga, Gabriela Oviedo, Daniel Caballero, Carlos Paredes y Víctor Cabezas, estudiantes de jurisprudencia y practicantes del Consultorio Jurídico Gratuito, estaba a punto de ser finalmente concluido. 

Los jueces lucen tranquilos y el Juez ponente inicia su veredicto. Es lento, parece que con su lenguaje rinde una especie de tributo a la trayectoria de Michael, su familia, de Juan Pablo y sus estudiantes. Va muy lento pero convencido. Niega la casación. Confirma el estado de culpabilidad del Sr. Encalada. Ordena que las disculpas que la institución militar le debe a Michael sean públicas. Llegan las cámaras, las felicitaciones y los abrazos del final feliz. Michael luce seguro, su familia toma un largo respiro, tal vez uno de esos que no han podido tomar hace cuatro años. Al salir de la audiencia, evocando las escenas misteriosas propias del cine hollywoodense, una mujer afro ecuatoriana se acerca a Juan Pablo Albán y le dice “esto es solo el inicio, Doctor”.

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