Dilemas entre conservación y desarrollo

Por tercera ocasión tengo la oportunidad de formar parte del Taller Internacional de Arquitectura en Galápagos, organizado por el Colegio de Arquitectura y Diseño Interior de la Universidad San Francisco de Quito. Tal como ha ocurrido en las tres ocasiones anteriores, este taller busca encontrar un punto de equilibrio entre desarrollo de las comunidades galapaguenses y la preservación de las zonas protegidas. La búsqueda de tal equilibrio implica que por “desarrollo” no se entienda la expansión urbana o depredación del entorno.
Paralelamente, este año la Ley Orgánica de Régimen Especial de Galápagos (Loreg) cumple dieciocho años de vigencia. Vale entonces hacer una reflexión sobre dicha ley, y sobre si ha servido realmente para preservar el patrimonio natural del archipiélago; y si simultáneamente ha mejorado las condiciones de vida de sus habitantes.
Sin duda alguna, el mayor logro de la Loreg es haber eliminado problemas graves, como la pesca masiva y abusiva del pepino de mar. El gran avance que se dio en esos tiempos fue el establecimiento de la Reserva Marina de las islas Galápagos.
Sin embargo, quedan aún algunos aspectos pendientes. La visión conservacionista convencional que rige a las Galápagos está impidiendo que la vida de los isleños mejore. Por un lado, existen muchas necesidades y oportunidades en las islas que no están siendo aprovechadas. Por otro, existen recursos y personas interesadas en atender dichas circunstancias, que se ven impedidas o limitadas para hacerlo. Con el propósito de impedir la sobrepoblación de las Galápagos, la Loreg prohíbe el ingreso de nuevos residentes y establece que la inversión de los no-residentes puede darse, con una contraparte local que alcance el 51%. Como resultado encontramos una desconexión entre los inversionistas con recursos y los habitantes locales, que no pueden desarrollar sus proyectos por sí solos.
Sería interesante considerar la opción de abrir una puerta intermedia, que permita el ingreso de nuevos residentes e inversionistas al archipiélago, bajo la condición de que sus propuestas se desarrollen bajo estrictos parámetros de bajo impacto ambiental y buscando alcanzar nuevos y mejores niveles de innovación sostenible. Para ello, el Consejo de Gobierno Especial de las islas debería convertirse en algo más que un ente administrativo del territorio, y transformarse además en un promotor del desarrollo tecnológico de las islas.
Los ámbitos en los que este nuevo desarrollo sostenible puede darse son amplios. Por ejemplo, puede pensarse en cupos para nuevos cruceros para turistas, siempre y cuando dichas naves utilicen fuentes de energía limpia. Ello puede dar espacio al surgimiento de barcos de vela convencionales, o a naves que demuestren un funcionamiento eficiente a base de energía solar. Otro ámbito interesante sería explorar el desarrollo de materiales alternativos para la construcción de viviendas y edificios, que no dependa tanto en la transportación de materiales convencionales desde el continente, y que permita erradicar especies arbóreas introducidas, sin afectar gravemente a las áreas protegidas.
Las ciudades en Galápagos son un sitio de paso para los turistas. Si convirtiéramos a las Galápagos en el punto de convergencia de la tecnología sostenible, estas dejarían de ser tristes espacios de tránsito, y también serían puntos de atracción turística. (O)

TAMBIÉN PODRÍA GUSTARTE

0 comentarios