Algunas zonas afectadas por el sismo se sienten olvidadas

Un restaurante de Pedernales en Ecuador, el 19 de abril de 2016.


Cuando se cumplen cuatro días del potente terremoto que dejó 480 muertos y 1.700 desaparecidos en la costa ecuatoriana, los sobrevivientes empiezan a notar este miércoles los efectos de la escasez de agua y víveres, que se suman a los frecuentes cortes de luz. Algunos damnificados se sienten abandonados.
Por Eric Samson, enviado especial de RFI a Pedernales
Al sur de Pedernales, epicentro del sismo que sacudió Ecuador el pasado sábado, se reabren poco a poco las rutas a la circulación. En los pueblos y ciudades de Canoa y Jama, los habitantes como Rosa y Alexandra ya no pueden esperar más. “Nadie nos trajo ni un tacho de agua. Sobreviviremos con lo que nos dan los vecinos”, se quejan. “Para los niños, necesitamos leche, pañales, brigadas médicas”, agrega otra habitante.
En todo el país, la población se moviliza. Las estantería de los supermercados han sido desvalijadas y la ayuda de acumula por doquier, como en la universidad San Francisco de Quito. “Hoy recogimos 203 cajas, ayer más de 350. La reacción de los estudiantes ha sido extraordinaria como en todo el país. En este momento, por ejemplo, hay 70 que hacen una cadena para cargar un camión de víveres”, explica Michael Valdivieso, presidente del consejo de estudiantes.
Todos estos donativos son luego clasificados por organismos como la Cruz Roja. “Tenemos un ki por familia con agua, arroz, azúcar, pastas, aceite, cacerolas, artículos de limpieza y ropa”, explica Fausto Montenegro, voluntario de la Cruz Roja. La ayuda es luego enviada a las ciudades afectadas más cercanas bajo protección policial.
Buscan a los últimos supervivientes
Mientras tanto, más de 900 socorristas, bomberos, médicos y especialistas de 20 países, entre ellos Colombia, Chile, México, Venezuela y España, continúan buscando -sin descanso y con perros adiestrados- señales de vida entre los escombros.
Según el último balance oficial, al menos 480 personas murieron, otras 4.605 están heridas y unas 1.700 siguen desaparecidas tras el violento terremoto de 7,8 grados, el peor en casi 40 años. Pero las autoridades advierten que esas cifras seguirán aumentando en las próximas horas.
El sismo dejó unos 800 edificios derruidos, 600 edificaciones afectadas, y numerosas carreteras reventadas e infraestructuras colapsadas en zonas turísticas, unos daños que Correa calculó en USD 3.000 millones, "dos o tres puntos del PIB", lo cual es otro duro golpe para este país ya severamente azotado por la caída del precio del petróleo.

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